Uruguay: del Montevideo de Mauri a La Coronilla de Bruno. Una delicia. Encuentro con el Sensei Erasmo Petingi

Quedan atrás miles de kilometros, si, miles, hasta yo mismo me quedo perplejo de cuantos he dejado atrás. ColombiaEcuadorPerú, Bolivia y Argentina son ya historia pasada, tras embarcarme en el Ferry a Colonia del Sacramento con mis dos últimos alfajores argentinos en mano, un fortuito encuentro con un compañero del curso en Brandsen y un par de horas zurcando el río de la plat a finalmente piso tierra nuevamente, saco el termo y con la costumbre ya aprendida me sirvo mi primer mate en la rivera del lado uruguayo, Colonia de Sacramento un pueblito muy turístico pero con el encanto conservado que me da las primeras palmadas en tierras orientales.

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Ahí llamo a mi gran amigo Mauricio con el que comparto un profundo aprecio y estima hacia él como a su hermosa familia. Un grande, largo y sincero abrazo de amigo. Con él, su familia y la valiosa compañía de Ceci, ahora mi amiga, pude ver de que se trataba Montevideo una ciudad preciosa con un aire a Barcelona, con melancolía del pasado tal vez. No sólo Montevideo, sino también el departamento de Maldonado con sus agradables playas y urbanizaciones de verano, todo un tributo al dolce far niente (era verano y se respiraba).

En el entretiempo pude encontrarme con el Sensei Erasmo Petingi quien con una tremenda hospitalidad me recibió en su dojo, en un entrenamiento del más puro Shotokan, y con el calor angustiante del verano uruguayo no tuve otra opción que casi desmayarme, si! poniendo todo mi esfuerzo, como hago cada vez que alguien tiene el detalle de abrirme las puertas de su dojo, llegué al punto de estar sofocadao!, así que cerca del ventilador con un poco de agua y unos minutos de condescendencia me repuse y pude reintegrarme al entrenamiento. Agradezco enormemente al Sensei Petingi y a su grupo por haberme abierto las puertas y haberme hecho sentir como en casa!

Luego emprendí hacia lo que sería la parte final de este viaje, hacia la frontera uruguaya con Barzil, específicamente La Coronilla, antes, me encontré con Claudia una bonita amiga que comenzaba su viaje por Uruguay, con ella hicimos 400 km “a dedo” hasta el departemento de Rocha, hasta La Coronilla a sólo 20 km de la frontera con Brasil.

La coronilla fue un lugar muy especial, no sólo el entorno natural es increible, un mar feroz que se dibuja en la costa, una orilla inacabable que te raja el corazón, los bañados del interior te demarcan hasta donde podés y hasta donde ya no podés, el silencio, las calles de tierra, y el internet seibal, no sólo eso, sino también la gente, Bruno, Rosa y Nico para comenzar, pero todos lo que este epicentro de amor atrae, los viajeros, el Payaso Kito, el Legado Nativo, Karumbé y las tortugas, aquello en Rocha fue la frutilla del helado!

Ahora, regreso a casa, no a mi casa, a la de mis padres para verles, una última vez antes de marchar de nuevo a las Europas, no sin antes encontrarme con mis grandes amigos Marta y Ovidi en Medellín! quienes narran lo inefable mientras viajan por las Américas que placer muchachos! y pocos días, ahora si de vuelta a Barcelona!

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