Bolivia y Argentina: del Altiplano Boliviano al Delta del Río de la Plata. Encuentro con el Sensei Héctor González Ceballos – Shorin-Ryu Córdoba y Facundo Sariaga – Goju-Ryu Buenos Aires.

Luego de haber pasado por Colombia, Ecuador y Perú, parecía difícil maravillarme de la manera que logró hacerlo el Salar de Uyuni y sus alrededores, sin duda debe ser de los lugares más especiales del planeta cuyo silencio encierra en si mismo la sinfonía de la propia existencia, boquiabierto sin aliento, lleno de mil sonrisas condensadas en cada gota de sangre y con un zumbido nacido del espacio entre el silencio y el viento Uyuni deja hoy una marca imborrable en mi, uno de mis 3 lugares favoritos y con miras a permanecer así por un largo tiempo y muchos kilómetros. Bolivia no me dejó ningún encuentro marcial, al menos no con otro entusiasta, pero se convierte en una de las partes más bonitas del viaje, no sólo por el Salar sino también por la paz (así sin mayúsculas), el Camino de la muerte a Coroico, el año nuevo en la calle, las granizadas a pleno sol en La Paz, la sopa de maní, los billetes falsos y la gente que me crucé, ahhhh y el hermoso Lago Titicaca.

Al pasar Argentina, como toda frontera es un poco difusa pero mas temprano que tarde (más temprano generalmente) te encuentras en frente de un gran asado entre guitarreadas y mates que van y vienen sin parar y entonces con una sonrisa te das cuenta, que si, que estás en La Argentina! Luego de haber pasado por Humahuaca, Tilcara y Salta, dejando el Norte de Argentina, su paisaje desértico y gente espectacular kilómetros atrás, llego a Córdoba donde Victoria quien es hoy una bonita amiga me abre sus brazos y con un abrazo increible me hace pasar una semana de lujo conociendo Córdoba, los alrededores y su gente.

En el interín el Sensei Enrique Laulhe de Tarragona me había comentado que su grupo tenía una sede importante y entonces sin dudarlo me puse en contacto, para encontrarme con la grata sorpresa de que estaba dirigiéndome a la sede principal de la Shin Shu Kan Argentina, Shorin-Ryu karate, donde con gran humildad acompañado de un éxito tremendo el Sensei Héctor González Ceballos 9° Dan con 51 años de práctica ininterrumpida mantiene un gran grupo de cinturones negros que me hicieron sentir en mi casa durante la semana de entrenamiento.

Durante los dos entrenamiento que pude asistir nos paseamos por los katas Pinan Nida, Pinan Shodan así como Passai Sho y Passay Dai entrando en la forma de kata propiamente y posteriormente en yakusoku kumite derivado del mismo. Principios físicos de vibración y rotación de cadera clave, poniendo especial énfasis en ellos. Además luego cerramos con un poco de kobudo, nunchaku y bo. Es  para mi un reto cambiar el chip de Shotokan a otros estilos cuando visito otros dojos, por que siempre hay pequeñas diferencia, sin embargo cada vez me queda más claro desde un punto de vista experiencial que la esencia es compartida. Hago un agradecimiento especial tanto al Sempai Franco Pereyra por la paciencia en el trabajo de pareja.

En el camino que he ido haciendo desde que salí de casa en mayo del año pasado, habíendo pasado por Irlanda en el Hombu Dojo de HDKI y luego por Suramérica (Colombia, Ecuador y Perú) he ido compartiendo la travesía con mis amigos de karate, uno de ellos Sempai Carlos García quien es alumno del Sensei Onaga en Murcia, Carlos quien es el artista detrás del material de Hojo Undo de nuestro Dojo me comentó que tenía amigos en Buenos Aires (mi próximo destino), y muy amablemente me puso en contacto con el Sensei Facundo Sariaga y de inmediato llegar a la gran ciudad luego de 15 días en el Centro Vipassana de Brandsen me fui a sudar a su dojo.

Con Sensei Facundo pasamos por el clasico kata de Goju: Sanchin dai ichi kata, además de Gekisai dai ichi y  Saifa kata con su respectivo trabajo en pareja con aplicación técnica por técnica y yakusoku kumite secuenciado. Además de trabajo de Kakie en pareja.

A esto se le sumaron unos días esplendidos y calurosos en la ciudad de la furia, acompañado de Ornella una gran amiga de hace muuuchos años que me recibió y me hizo sentir en mi casa, con decirles que hasta me comí una hallaca, dos empanadas (una de cazón y otra de pabellón) y un vaso gigantesco de chica… si em está leyendo otro venezolano sabrá loq ue esto significa. Así pues, entre tertulias caminatas por San Telmo y otros barrios emblemáticos de Buenos Aires, llega el momento de embarcar hacia la República Oriental del Uruguay

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